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1695.  "El Vuelo de los Suttons"

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Defensa Contra la Piratería: Costa Andaluza

 

A Cádiz :

No puedo apartar mis ojos de Vos, 

A la brisa del mar, mis desvelos confié,

Pues pensé que un Beso y una Rosa, 

A otra Costa, el viento llevaría, 

***

¿Para quién? ; osáis preguntar? 

Sea bien!, sólo por Vos Señora. 

Ese Beso y esta Rosa ! 

Bella y blanca Paloma.

 Clonard. IX

 

 

En 1690, nuestros ancestros, como hemos dicho en el capítulo anterior residían aun en Waterford, mas el corazón de la familia ya no estaba en Irlanda, sabían que tarde o temprano deberían optar por la vida o el exilio. Además el centro de gravedad de la actividad económica de todos los miembros y ramas de la familia Sutton, se había desplazado hacia el "Continente". Los Jacobitas Católicos seguían siendo perseguidos por los "orangistas" de Guillermo III. Como esto les parecía insuficiente a los protestantes, en 1695 serán promulgadas las llamadas "Leyes Penales de William III" La Jerarquía y el Clero Católico son expulsados de Irlanda e Inglaterra.

Michael de Sutton, contaba entonces 27 años y su padre Edward 55. El joven primogénito de la familia contrajo matrimonio en c.1689 con Catherine D'Alton de Kindalton, Hija de Richard, antiguo Lord de Kindalton y de Margaret Walsh (de la Casa de los Valois en Waterford). La familia de Richard descendía por línea femenina de Pierce Fitzgerald de la Casa Real de los "Geraldinos"; familia heroica.

Margaret pertenecía al clan de "Navieros Mercantes" más importante del Norte de Europa, es decir, de los Walsh. Ambos Dalton y Walsh por medio de alianzas de sangre con los Carew y los O'Shee, constituían un formidable "Holding naviero" al que se sumaban ahora los Sutton-Devereux-Grey

De Michael y Catherine nacerá en Waterford en  1691, un varón al que bautizarán con el nombre de Redmond. No conocemos bien las causas, pero la joven mamá perderá la vida antes de 1693. Algunos de nuestros mayores aseguraron que falleció durante el parto de Redmond y que Michael se derrumbó, cuando al regresar del Continente de uno de sus viajes, su mujer yacía ya enterrada y, el fruto de ambos era cuidado por Margaret y Ellen, sus abuelas.

Por otra parte, un bisnieto de Edward y Catherine de Sutton (1611), llamado Thomas Sutton de Clonard, (c.1700) esposará a Phillis Masterson, (1744) hija de Phillis Walsh (Valois) de Dromdowny y de John. Los barcos de este superclán navegarán por todos los rincones del mundo con sus impresionantes navíos. Thomas, el "irlandés emigrado",  llegará a ser un personaje distinguido en Francia:  "Gran responsable de la Compañía Francesa de las Indias", y primer conde de Clonard en el País Galo, (por merced de Luis XV). La "ingeniería empresarial" de este holding naviero, escapaba al control Inglés, reunía a las grandes familias irlandesas exiliadas, y ésto, en beneficio de las economías francesa y española. Fue realmente lo que hoy llamamos una multinacional.

Mas a nuestras familias les llegó la hora. Estaban artos de ver carnicerías y, a aquellos arrogantes nuevos ingleses protestantes, "algo parecido a los nuevos ricos de hoy"; así pues, decidieron emigrar un buen día en 1695, discretamente, incluso diríamos "con pausas" zarparon de Waterford. 

Todos sus navíos surcaban los mares, con tripulaciones de habla gaélica. Uno de ellos, "L'Orient", transportaba rumbo a Cádiz a los futuros Sottos (Suttons) españoles, acompañados de sus recuerdos y enseres de Irlanda. Todos ellos con el alma encogida y los puños crispados. El capitán Michael Sutton de Clonard dirigía el barco, él no estaba solo, su hijito Redmond y sus padres le acompañaban junto con algunos primos y hermanos.

Michael aun joven y viudo, trataba de superar la pérdida de su amada esposa, con la mirada a veces perdida en el horizonte, escuchando a aquellos gaelos, su tripulación, que no cesaba en sus cánticos. Y así surcando las olas, un día al amanecer avistaron la Costa Andaluza. 

La pujante ciudad portuaria de Waterford, prestigiosa también por su artesanía en vidrio, quedó anclada en sus corazones de auténticos irlandeses, fieles a su rey Jacobo y sobretodo a sus creencias cristianas y católicas. Disponían de bienes abundantes mas sus raíces yacían ya en las lejanas Islas del Norte, Britannia e Irlanda.

Pero este gran cambio en la vida de nuestros ancestros, vendría acompañado de grandes alegrías y de una enorme fascinación que ejercerá sobre ellos su nueva Patria. Además, no en vano Michael llevara a España consigo multitud de navíos mercantes y toda la potencia del superclan antes mencionado.

Hacia tiempo que Cádiz se había convertido en la meta principal de todos los buques que llegaban desde el Nuevo Mundo. Los imponentes galeones y las grandes naves de ese final del siglo XVII, dado su volumen, peso y calado, no podían remontar las aguas del río Guadalquivir, como antaño se hacía para llegar hasta Sevilla, y estas dificultades hicieron de Cádiz el lugar forzoso y boyante de su recalada final. La blanca ciudad gaditana pasó a ser, por lo tanto, un fuerte centro marítimo, que era también, a su vez, presa codiciada, lo mismo de reyes berberiscos que de piratas ingleses. Unos y otros la atacaron con frecuencia.

Cádiz, la antigua Gades Fenicia, está situada en la punta suroeste de la Isla del León. Su bahía tiene aguas profundas y estaba guarnecida entonces por fuertes que se encargaban de defenderla. Si a ello añadimos el clima benigno del lugar y la afabilidad de sus gentes, comprenderemos fácilmente que era un auténtico paraíso lo que encontraban los marinos y gentes que allí llegaban; máxime de quienes procedían de climas grises y fríos como los del Norte de Europa. 

 Hasta finales del siglo XVIII, Cádiz se convirtió en el principal puerto de la Europa del Sur, con la llegada casi permanente de flotillas provenientes de las Indias, a menudo cargadas de plata y oro. El trabajo para los miembros de la familia estaba asegurado y contaban además con asentamientos o "comptoirs" propios.

No es difícil imaginar el agradable impacto que en él causaría la visión lejana de los numerosos galeones, fragatas, galeras y barcos allí guarecidos, adornados con altos mástiles y grandes velas; ni tampoco es arduo suponer la grata visión que él tuvo contemplando las enjalbegadas casas gaditanas, de su altiva Catedral, rodeada de numerosas torres de iglesias, hospitales y palacios....Y todo bañado por un Sol radiante, suspendido en aquellos cielos pintados de añil. Sí Michael y su hijito de 4 años, recobraban la vida, junto a sus mayores, primos y hermanos. Una escalofriante y conmovedora pesadilla de dos siglos llegaba a su punto final. Al menos para los Suttons.

Michael no ignoraba que tan bella ciudad, había sido devastada en 1596 por el conde de Essex, aquel pobre desgraciado que terminaría decapitado sus días, pocos años después. Precisamente quien fue niño mimado de Isabel I y, mal llamado favorito de la Reina. - Curioso que los  Sottos gaditanos, jamás escribieron un renglón sobre su pasado irlandés o anglonormando!.

Lo que si sabemos es que sus naves, tras instalarse en Cádiz, iniciarán un tráfico doblemente intenso con este puerto español. En él también descargaría Michael, los productos recién llegados de América, de la India o de Arabia, que sirvieron en aquel siglo de auténtica revolución en las costumbres de la vieja Europa: café, cacao, tabaco, té, azúcar, maíz, tomate......

Vista aérea de Cádiz, en nuestros días.

Era también la época, en la cual, reinaba en España Carlos II el Hechizado (1661-1700), quien no había tenido descendencia alguna con ninguna de sus dos esposas. El Rey vivió los últimos años de su reinado inmerso en escenas esperpénticas, enmascaradas en la consecución de recetas o exorcismos que pretendían lo mismo curar su esterilidad que sus hechizamientos. La Corte se convirtió en reducto de intrigas y de luchas por el poder y el monarca acabó haciendo testamento a favor de su sobrino-nieto Felipe d'Anjou (nieto igualmente de Luis XIV, soberano de Francia). Planteó un grave problema a toda Europa al no dejar heredero al trono.

Felipe contaba entonces con 17 años y, con el nombre de Felipe V, iba a reinar en España y en lo que aun quedaba de su impero. 

Michael, su hijo y toda su familia habían gozado de seis años sin guerras, no había habido entre los Suttons mártires ni perseguidos por su religión, ni tampoco, ningún soldado de la familia muerto en combate. Esto fue para los nuestros una "Bendición del Cielo". Ahora intentaban ser buenos gaditanos y adaptar sus costumbres, algo que sinceramente no debió ser difícil. Sin embargo la pesadilla volverá a comenzar muy pronto. Los habitantes de la región, incluyendo los muchos irlandeses que allí ya residían, verían con estupor, en 1702, como otra vez el "Inglés" se acercaba a nuestras costas, con los estandartes de guerra al viento. Rogamos pues, licencia al lector, para mencionar este capítulo, de la Historia de España: 

<<El ataque de Rooke a Cádiz (1702):Las esperanzas de un heredero de Carlos II disminuían y la probabilidad de la desmembración de sus posesiones aumentaba. José Fernando de Baviera murió al año siguiente (1699) de ser nombrado sucesor en el testamento del rey. Holanda, Francia e Inglaterra firmaron un tratado provisional sobre el futuro de las posesiones españolas, enérgicamente protestado por España. Luis XIV forzó la decisión del sucesor con la amenaza de entrar en guerra. En el último testamento del Fallecido Carlos (1700) se nombraba heredero a Felipe de Anjou (1683-1746), nieto de Luis XIV. El rey de Francia acepta el 12 de noviembre de 1700 un trono que debía mantener con las armas. Felipe V desembarca en Fuenterrabía el 23 de enero de 1701. Las regiones periféricas, ante la debilidad de Castilla, pretendieron alcanzar sus propias metas.

Comienza la guerra de la Sucesión española: Inglaterra y Holanda, reunidos en Ratisbona, declaran la guerra a la casa de Borbón. Inglaterra buscaba el reparto de la monarquía española para aumentar el equilibrio y puntos estratégicos para su comercio marítimo. Holanda quería impedir el establecimiento de una potencia fuerte en los Países Bajos españoles. A comienzos de 1701 Eugenio de Saboya cruza las fronteras y ataca Cremona y hace prisionero al mariscal de Villeroi, general en jefe del ejército franco-español. En 1702 los franco-españoles pierden Raisenwertz, Vainloo, Rulemunda, Senenverth, Maseich y Lieja.

Ataque a Cádiz: Aún en vida de William III, el almirante de Castilla y el príncipe de Darmstadt presentaron al rey de Inglaterra un proyecto de desembarco en Cádiz y conquista de Andalucía. Formaron una escuadra de 50 navíos de guerra además de los barcos de transporte donde embarcaron 14.000 hombres, bien armados. El almirante de la flota era sir George Rooke y el jefe superior del ejército el duque de Ormond. La expedición partió el 1 de julio de 1702, y a los pocos días ancló en aguas de Cádiz, donde se unió el duque de Darmstadt . Andalucía, convertida en frontera de guerra, estaba tan desprevenida como una provincia del interior en tiempos de paz. El gobernador de Andalucía, el marqués Villadarias, sólo pudo reunir a 150 jinetes. Escipión Branccacio, comandante de la plaza de Cádiz sólo tenía a 300 soldados a sus órdenes. Ingleses y holandeses no supieron aprovechar su enorme ventaja. Debido a la discordia entre sus jefes procedieron con gran lentitud y desorden. Entraron en el Puerto de Santa María y la saquearon brutalmente. Los protestantes mostraron un odio extremo a la Iglesia Católica profanando todo lo sagrado y entregando las monjas a la soldadesca. El tiempo dedicado a esta vergonzosa expansión tuvo consecuencias muy negativas para los invasores. En el pueblo quedó una hostilidad implacable contra la causa del archiduque. Entre los partidarios españoles de Felipe V la guerra tomó el carácter de cruzada contra unos atacantes protestantes. A Cádiz le fue concedido el tiempo necesario para preparar su defensa. El conde de Fernán Núñez acudió con sus galeras a reforzar la ciudad. Villadarias, aprovechando su gran conocimiento del terreno, atacaba en multitud de sitios con sus jinetes. La armada inglesa volvió a fracasar ante las defensas de Cádiz como ya lo había hecho en tiempos de Felipe II y de Felipe IV. Los barcos asaltantes marcharon en persecución de la flota que traía de Indias el oro y la plata del real erario. Tras un durísimo combate consiguieron destruir en la bahía de Vigo muchos galeones y capturar siete navíos de guerra y seis mercantes.>>

Visto por los gaditanos la defensa de la ciudad, fue un hecho de extrema importancia, máxime con nuestro rey ausente combatiendo en Italia: Desde la propia reina Maria Luisa y su Consejo, al frente de todo el pueblo de Cádiz, se sumaron cardenales, arzobispos, nobles y clérigos, campesinos y artesanos. Todos prestaron ayuda económica o personal. Esta victoria provocó una alegría delirante a todos los gaditano-irlandeses, al ver como se alejaba derrotada la temible escuadra Inglesa; <<pero que no pudieron ver como poco después, Sir George Rooke se resarcía en Vigo, con extrema violencia, aprovechándose de las carencias y errores tácticos de españoles y franceses en coalición>>.

Los intensos combates, una vez organizados los españoles, duraron un mes entero (15 Agosto al 15 de Septiembre). Los asaltantes usaron al igual que en Irlanda una bárbara violencia con la población civil y saquearon pueblos como Rota o Puerto de Santa María. 

Dos años después de tan humillante derrota en la bahía gaditana, esa misma escuadra anglo-holandesa, al mando de los mismos jefes y almirantes, se apoderarían del Peñón de Gibraltar.

<<El 4 de mayo de 1704 llega a bordo de una escuadra inglesa a Lisboa el archiduque Carlos. El rey Pedro II de Portugal se había declarado a su favor tras ser convencido por el almirante de Castilla don Juan Tomás Enríquez de Cabrera. Había firmado el tratado de Methuen (1701) estrechando su alianza secular con Inglaterra.

En 1713 se firma la paz de Utrech poniendo fin a la guerra de la sucesión al trono español. Los dominios de Felipe V quedaban reducidos a la península y a los territorios de Indias. Los Países Bajos, el reino de Nápoles y el ducado de Milán pasaban a poder del archiduque Carlos. Sicilia pasaba a formar parte del ducado de Saboya e Inglaterra se quedaba con Gibraltar y Menorca >>

 

Michael y los suyos, con otros irlandeses se ofrecieron voluntarios en la defensa de la "Ciudad y su puerto", pues en las bodegas de sus barcos disponían por "costumbre de munición y cañones"; aunque pensamos que nuestro ancestro aun no era oficial de la Marina Española. Estatus que pronto adquiriría, junto con otros,  para reforzar nuestras escuadras y puertos. Después de todo era marinos muy expertos y leales a España.

Terminada la contienda contra los ingleses y holandeses, nuestro Michael de Sutton contrajo matrimonio en segundas nupcias con una bella dama llamada Maria Francisca Arroyo, quien a su vez fue realmente una madre para nuestro infante el pequeño Redmond. No nos consta que tuvieron descendencia, aunque tampoco la descartamos.

 

Escudo de Armas de Michael De Sutton et Kenny

 

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GO TO REDMOND SUTTON, SUTTONS IN SPAIN

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