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Cádiz vio crecer a Redmond; han pasado los años y el
joven irlandés sufrió de sus primeros amores, rodeado de tanta
belleza y de buenos amigos. En la agraciada ciudad sureña encontró su
"patria de campanario", de la cual, hablaría muchos años
después Don Miguel de Unamuno y de la que diría; "Cádiz es la
verdadera patria que todos los hombres llevamos dentro". Allí
le llegarían, como a un rompeolas, los acontecimientos mas relevantes de
la época que le tocó vivir: El Reinado de Felipe V, "Dinastía
de los Borbones", la proclamación de la Ley Sálica, según el
buen entender de los francos, la creación de la "Real Academia
Española en 1713", el gobierno del Cardenal Alberoni como primer
ministro de la Monarquía y, la cuádruple alianza contra España; o del
desastre - por así decirlo - de la escuadra enviada contra Escocia.
Conocería la dimisión del primer monarca Borbón, el brevísimo reinado
de su hijo Luis I, y la vuelta al poder del padre, Felipe V. Un
buen día Raymundo (Redmond) conoció a una bella gaditana llamada Isabel
Herrera González, hija de armadores y navieros mercantes, ambos jóvenes
se enamoraron y contrajeron matrimonio. Nuestros mayores aseguraban que la boda tuvo lugar en 1731. Como ambos
pertenecían a prestigiosas familias, a la boda de Isabel y Raymundo
asistieron sin duda la flor y nata de la Ciudad. Él solía participar en
cuantos acontecimientos sociales importantes se daban allí, a menos que
no estuviera navegando, como teniente de navío de la Real Armada
Española, a la cual pertenecía. Como militar Redmond se hacía llamar
Raymundo de Sotto y Arroyo. (en lugar de Dalton) En 1727
participa en la fiesta que, con la presencia de los Reyes de España,
tiene lugar con motivo de la botadura del "Hércules", en los
Astilleros de Puntales. Era un navío de alto bordo destinado a la Armada
y que portaba 60 cañones La vida marítima de la
blanca ciudad, estaba pasando por uno de los momentos de mayor esplendor,
debido en gran medida al reciente traslado desde Sevilla de la Casa de
Contratación, fundada en 1503 como órgano de comercio entre la
península y las Indias. En un momento dado, la familia
Sutton de Clonard tuvo que utilizar "testaferros" para la
adquisición de nuevos barcos durante el periodo comprendido entre
1717-1778. Parece ser que para comerciar con las colonias de América
debían los nuevos navíos cumplir con la orden de registro obligatorio en
el Puerto de Cádiz; aunque también aparece cierto que a partir de 1765
estas condiciones se suavizarían, debido al nuevo sistema de libre
comercio. No obstante los navíos pertenecientes a los Irlandeses fieles a la Corona de España, aunque sea únicamente por
razones estratégicas tuvieron un trato de favor, pues con pabellón
británico se infiltraban en áreas o puertos sensibles, donde otros
buques no podían acceder. Es sabido que la familia Sutton tenía
contactos con los "Jacobitas irlandeses en Bristol", quienes en aquellos años
fueron fuente de información estratégica y militar de muy
alto valor. Es posible que esta fuera la razón por la cual, hasta 1788 el
jefe del clan Sutton-Walsh en España, preservara la "nacionalidad
británica". He aquí algunos de los nuevos barcos
de los Suttons, que se adquirieron a través de "testaferros o
familiares de los Suttons, ya españoles":
-
Navío San Antonio de Paula a nombre de Luis
de Herrera, fabricación Inglesa - Tonelaje: 214 naufragó el 15 de
Julio de 1733 en aguas del Caribe, a la altura de Cayo Hueso.
-
Navío San Franciso de
Asís a nombre del anterior, fabricación Inglesa - Tonelaje: 224
- Naufragó el 4 de febrero de 1737 a consecuencia de un fuerte
temporal en la bahía gaditana. Se logró salvar la tripulación y
parte de la carga (legajo 13600. Sc. Contratación AGI)
-
Navío Santa Isabel, a
nombre de Nicolás Fernández Castillo, fabricación Inglesa -
Tonelaje 296. Raymundo Sotto (Sutton) de Clonard fue el capitán de este buque,
en el primer viaje transoceánico del mismo. Los Reyes de España y la Familia
Real, dieron la despedida en el puerto de Cádiz a la tripulación, el
8 de Agosto de 1729. De Sutton al mando de este navío se dirigió hacia Nueva España, con
puerto de destino Veracruz. Fecha prevista de arribada: el día 28 de Agosto; junto con
el resto de la flota compuesta por 16 barcos mercantes y cuatro buques de
la Real Armada, que les escoltaban. La expedición iba al mando del
Marqués de Mori, Teniente General de la Marina (legajo 554. Estado
AHN). Entre los barcos particulares, también se encontraba el Ntra.
Sra. del Rosario al mando del capitán José del
Villar, que emparentará con los Suttons al poco tiempo. La Nave
Capitana fue la San Antonio, comandada por el capitán don Martín de
Echárriz. La Travesía se realizó sin hechos reseñables.
-
Navío San Antonio
"Samuel" a nombre del anterior, fabricación extranjera -
Tonelaje: 96
-
Fragata San Rafael a
nombre de Miguel de Sotto (hijo de Redmond), fabricación francesa -
Tonelaje: 160
-
Navío San Francisco de
Paula a nombre de Francisco de Soto, fabricación genovesa -
Tonelaje 328
-
Fragata San Miguel, a nombre
de Miguel de Sotto, fabricación sueca - Tonelaje: 253
Por otra parte Don José Patiño, (Ministro de Marina,
gran estadista y ferviente propulsor del sector naval en España), ha
llevado en 1724 a La Carraca, en plena bahía gaditana, un gran arsenal.
Se trataba de atarazanas destinadas a la construcción y reparación de
buques de guerra que también se armaban y se desarmaban allí. El arsenal
está protegido del exterior por una cadena que evitaba el paso al recinto
por la boca del caño de entrada. Lo defendía una batería de 28 cañones
y se encontraba dividido en diversas construcciones que se apoyaban sobre
estacas, debido a la proximidad del mar y el terreno fangoso en el que se
encontraban. Es gracias al talento y a la intensa
actividad de Patiño (El hombre a quien se debe la organización de la
marina de guerra mejor preparada que España ha conocido hasta la Edad
Contemporánea), a los que hay que agradecer igualmente, el
establecimiento en Cádiz de la Escuela de Guardiamarinas. El
27 de Diciembre de 1733, Isabel Herrera dará, con gozo su primer
hijo a Raymundo, quien tomará al pequeño varón en sus brazos colmado de
felicidad. El recién nacido se llamaba Miguel (Michael) y el lugar
de nacimiento fue la ciudad de Waterford (Irlanda). El abuelo
Michael antes de fallecer había hecho saber a su hijo que su descendencia
naciera en Irlanda. Raymundo se tomó un año sabático para trasladarse
con su esposa, a las verdes praderas de Erín y asistirla con ternura
hasta el momento del parto. A Isabel le llegará la añoranza del azul
cielo andaluz, mas también sabrá apreciar los bucólicos paseos
tranquilos en compañía de su esposo, atravesando las verdes colinas
gaelas. Por cierto que desconocemos las razones por las cuales en algunos
libros españoles figura Miguel como nacido en Gibraltar. Esto es un
error. Los negocios de Michael, entretanto habían sido
confiados a la familia de Isabel y la parte correspondiente al consorcio
Sutton-Walsh, era seguido regularmente por Thomas Sutton de Clonard,(c1700)
primo de Redmond por la rama francesa. No obstante a Waterford o Wexford
llegaban a menudo los barcos con matrícula inglesa de los Suttons, de
manera tal que Redmond regularmente recibía informes de Cádiz. De
regreso a España, sabemos que en 1739, el almirante Juan José Navarro
reunió un total de 15 buques (de los que 6 eran de la Real Armada y el
resto pertenecían a empresas particulares y a galeones de la carrera de
las Indias), para operar por el Atlántico y llevar refuerzos de Tropas al
puerto de Génova. Entre aquellos busques se encontraba el "Orient",
perteneciente a nuestro ancestro que lo había reforzado en
armamento, por orden Real. La Flota partió de Cádiz, pero debido al mal
tiempo reinante, no pudo llegar a su destino, teniendo que recalar en los
puertos de Cartagena, Barcelona y Tolón, antes de arribar a Portobello.
En la mar logró eludir a los barcos ingleses comandados por los
almirantes Haddock y Mathews, barcos que merodeaban por el Mediterráneo y
que habían puesto cerco durante varios meses a puertos importantes como
el de Tolón, en Francia. Lo cierto es que Raymundo
disfrutó de una larga vida para ver pasar los días y los acontecimientos
desde su residencia gaditana. Allí le llegarían los ecos sobre la
construcción del bello Palacio Real de Madrid y el fallecimiento de su
amado Rey Felipe V, el 9 de Julio de 1746, quien había gobernado un gran
imperio, en declive y, en condiciones terriblemente difíciles, durante 47
largos años. Le sucedió en el trono su hijo Fernando VI. Uno de los
mejores monarcas que ha tenido España en toda su Historia. La
antigua Gades gozaba y sufría de la oscilante política española con
respecto al comercio con América. Esta política iba desde una
protección de su puerto netamente monopolística a una liberación que
terminaría haciendo mucho daño a los intereses gaditanos. Después
de abrir el Océano Pacífico a cualquier buque español que cruzara Estrecho de Magallanes o el Cabo de Hornos, un real decreto del mes de
octubre de 1756 pone fin al privilegio de Cádiz de ser puerto único,
autorizándose otros seis puertos más en la Península y varios más en
diversas islas americanas. Por fortuna, y paralela a
esta incipiente decadencia comercial gaditana, se inicia la
reconstrucción y el fuerte resurgimiento de la Armada y de la Marina, con
uno de los planes de estudios, en su escuela de futuros oficiales (Isla de
San Fernando), más modernos de Europa. Los Sottos (Suttons)
con sus buques ayudarán a aminorar las periódicas hambrunas que
recorrieron el territorio español durante los años: 1734, 1750, 1752,
etc. fueron años de una falta extrema de recursos. Su
gran sorpresa y alegría será ver, como un primo suyo, también católico
Jacobita y exiliado irlandés, es nombrado en 1754 primer ministro español.
Su nombre: Ricardo Wall, y Devereux de
Ballymagir, (1694 Nantes - 1777
Granada), - hijo de su tía Catherine Devereux,
con Mathias Wall, Señor de Kilmallok en Erín - tras la caída en desgracia del Marqués
de la Ensenada. Ricardo había desarrollado en España su carrera
política a la sombra del poderoso cardenal Giulio Alberoni. Nos
sería imposible mencionar este periodo de la Historia, sin rendir un
emocionado homenaje a nuestro Ricardo, quien fue claramente junto
con su predecesor el Marqués de la Ensenada, uno de los dos mejores ("Primer
Secretario de Estado") presidentes
del gobierno (1754 -1763) - valga
utilizar el lenguaje actual - durante los
reinados de Fernando VI, y de Carlos III . Nadie
nos dirá lo contrario, si ha leído su biografía, que Ricardo Wall fue
un gran protagonista y testigo de la Historia de España, Francia, e
Inglaterra. Huérfano de padre, muerto en combate contra los ingleses,
cuando Ricardo aún era un niño. Inteligente, leal y agradecido con sus
soberanos, demostró grandes dotes como, militar, diplomático y
político. Sus orígenes irlandeses en ocasiones, sirvieron a sus
"enemigos" para tacharle de anglófilo o simpatizante de los
ingleses protestantes. Qué
absurdo error, pensar que por llamarse Wall, dejaba de ser un
irlandés Jacobita en el exilio. Ricardo fue un temible enemigo de los
ingleses, camuflado por las sutilidades de la diplomacia, en Embajador en
Londres, por ejemplo. No
es un secreto que muchas de las personalidades del gobierno de su Graciosa
Majestad, desconfiaban de él como si de la peste se tratara; Algunos de
ellos como William Pitt, Primer
Ministro, lo proclamaban abiertamente. Wall supo ser lo suficientemente
hábil, como para organizar una red de inteligencia al servicio de españa y obtener
así, regularmente, informaciones privilegiadas sobre la política exterior inglesa, sus
movimientos estratégicos, argucias y engaños. Su
error, siendo ya un político fue dirigirse a las autoridades
eclesiásticas, sugiriéndolas:
-
No ingerirse en los
"Asuntos de Estado", en clara alusión hacia los Jesuitas.
-
Dedicarse a las auténticas fuentes y prácticas de la vida cristiana.
Todos sabemos que la Compañia de Jesús, como orden
religiosa fue expulsada de España por un monarca católico como era
Carlos III. Mas pocos saben que algunos jesuitas simpatizaban con las logias masónicas, - dirigidas
básicamente por británicos anglicanos - cuando en realidad, la
orden fundada por San Ignacio, se hallaba en plena batalla ideológica
contra los postulados masónicos. ¿Habría sido un hecho que miembros de
la auténtica masonería llegaran a "encriptarse" en la Orden de
Jesús, para minarla así, desde dentro? - Sin dramatizar, pensamos que
hay que admitirlo como muy posible. Ahora bien considerar a Carlos III, de
tendencias masónicas, por aquello que ocurrió, es sencillamente
estúpido. La opinión respecto a Wall, del Conde de Clonard
actual, si fuere preguntado, sería la siguiente: "Si Ricardo hubiera sido
10 años más joven y, asumiendo que Carlos III, como yo pretendo, hubiera
continuado depositando en él su confianza y aprecio; tengo la convicción
de que Wall habría dotado a España de una Flota y un Ejército, capaces
de hacer sombra al Imperio Inglés. Mas créanme, no se trata de
revanchismo irlandés, sino de puro pragmatismo; tal como Ricardo lo
veía. De éso estoy convencido."
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